lunes, 29 de septiembre de 2008

Friday, I’m not in love

No se. Solo se que no se nada del amor, de intentarlo, de empezar, de arriesgar. ¿Miedo? Uff… mucho, en bolsas, en containers.


Viernes. Decido quedarme en casa. El único contacto que tuve con el señor compatriota que quería seguir conociendome fue ayer jueves, por chat, donde cruzamos tres míseras líneas en formato telegráfico y con monosílabos. Cuando lo conocí dijo que no le gustaba la comunicación por internet, pero le hubiera puesto más onda. No cuesta nada mandar un emoticon.


Hace dos días que estoy con una terrible alergia (no es alergia al amor, es la bendita primavera que larga todas sus hormonas, feromonas, monas, onas, nas, as, s!!!!! y a mí me termina matando. O si, alergia al amor. O quizás soy yo el que larga todo eso y me termino matando.


Así que, panorama super entretenido: viernes, con alergia y solo. Llamó Eliseo para hacer algo. Yo estaba en cama, tapado hasta la coronilla, con dolor de garganta y el cuerpo que me dolía todo (y el deseo también dolía). Rechacé la oferta y al instante llamó Doris. Siempre hablamos; es uno de los ángeles que me acompaña. Según mi madre y hermana, tengo un ángel las 24 horas conmigo, y doy fe que es así. Doris es mi ángel en Chile.


Me levanté de la pequeña siesta y se me ocurrió entrar al chat para ver quien estaba. Y ya, estaba otro señor con el que mantengo comunicaciones un tanto hot y jamás sucedió nada. Le tiré la caña de pescar, el medio mundo, el mundo entero, el arpón y lo pesqué. Pasó por casa, tarde en la noche. Ufff… buen especimen de la patria chilena. Se me quitó la alergia, el dolor del cuerpo, el dolor de garganta, el amor, el miedo, el todo. Y me quedó un reloj. Si!!! Después “de”, se baño y se quedó charlando conmigo. Le agarró flojera de irse, pero le dije que se había comprometido con una amiga. Boludo soy, si, boludo soy. Juro que si le hubiera dicho que se quedara, se quedaba a dormir conmigo. Pero no, soy de lo peor, casado con la soledad, con las relaciones pasajeras, con el “terminaste, te vas”. Lo llamé de inmediato y le dije que se había dejado el reloj. Quería que volviese y se quedara, por más que no sea para pasar una noche con alguien.


Va a pasar otro día. No amo a nadie. No necesito a nadie. Soy solo, independiente y autosuficiente.


¿Y el reloj? ¿Por qué alguien se olvida un reloj? ¿Por qué yo no veo que mi reloj está marcando horas y pasa el tiempo y ni llamé al señor compatriota?

jueves, 25 de septiembre de 2008

La questión

Acabo de conocer a alguien. Interesante. Con neuronas. De mi misma tierra. Para los que no lo saben, hace 11 meses que vivo en Chile.

Siempre empiezo mis relaciones en un lugar: la cama. Esta vez, después de mucho tiempo (años, diría sin mentir), me propuse intentar algo diferente: dejar la cama para dormir y mantenerme en posición vertical hasta saber lo que mi corazón siente (y no mis genitales).

Pasó a buscarme por casa. Me llamó desde la entrada al edificio y bajé. No tan rápido, me hice esperar un momento. Las citas a ciegas me ponen nervioso y no suelen ser de lo más agradable: las probabilidades son 90-10 (90 feos, 10 lindos). Este estaba dentro de los 10. Punto a favor. Más bajo que yo, tez blanca,  ojos viváces de un color verde muy lindo, cabello oscuro bien arreglado, dientes muy blancos alineados y con una sonrisa muy agradable. Y sobre todo, interesantes manos y buena voz.

Le propuse ir a tomar una birra. Aceptó, parece que tampoco quería subir. No se, me dieron ganas de cerveza. Me hace relajar y es una bebida que le gusta a casi todo el mundo. Partimos para un lugar donde hay muchos bares; un callejón con muchas opciones, lleno de bares y gentes comiendo y bebiendo. Eso es más neutral que mi casa. En casa, a los 5 minutos de haber entrado me le habría tirado encima (bueno, le prometí a Mariano que iba a aguantar hasta los 10, pero también le dije a Doris que el herpes con el que amanecí vedó todos los terrenos hasta nuevo aviso). Y la verdad, es que hablamos.

Hablamos de todo un poco, como para romper el hielo: las razones por las que nos vinimos (él 11 años, yo 11 meses), los gustos que tenemos, la relación con este país, mi parte" tanguera" (de queja bandoneónica). Debatimos el uso de internet: llegamos al acuerdo de que es una herramienta para mantener contactos pero no reemplaza el face-to-face. También debatimos de música; sí, a pesar de que yo no se nada de música, hablé y me apoyé en él, que es un señor que sabe mucho. Y obviamente, de películas y de música de películas.

Se hizo un poco tarde, no muy tarde, pero fue el tiempo justo para emprender retirada y dejar ganas.

Al caminar hacia casa, en cuanto tomamos por Ricardo Lyon, me preguntó si podía darme su impresión acerca del encuentro. "Ufff... vino la evaluación", pensé. Y si, evaluó. Resultados: congeniamos intelectualmente, quiere seguir en contacto y conociendome, que luego veremos si la cosa da para ponerse cachondo y en caso de que no, seguiremos intelectualmente, en caso que si, cachondearemos. Terminó invitándome al cine!!

Qué le puedo haber dicho yo??? que sí, que me gustó intelectualmente, que quiero conocerlo, que siempre empiezo todo mal y que quiero hacerlo bien. Que quiero ir al cine con él. (No le dije que estoy cansado de ir sólo al cine o con amigos y que quiero ir con alguien que sea algo más que amigo). Pensé: me voy a dar una oportunidad y que sea lo que tiene que ser, pero ya basta de esta soledad, de cine solo o con amigos.

Ah, una de las cosas que le interesó de mí es que me gusta dormir acompañado, desayunar en la cama y que las migas (en la cama) no me importan. Pero lo que ya no me interesa son las migajas.

Ahora bien, cómo sigue todo esto????

Esa es la cuestión.